... a propósito de lo publicado en www.sueñospolaroid.blogspot.com acerca de las barras en el futbol...
Un caso ejemplificador del daño que ocasionan las masas.
En el estadio Heysel de Bruselas el 30 de mayo de 1985, en el encuentro de la final de la copa de Europa entre el Liverpool y el Juventus murieron 39 personas y hubo 200 heridos. Los servicios de inteligencia de los tres países habían tenido reuniones previas para planificar todo. El principio del fin fue a la mañana, en los puertos ingleses, cuando los patrones de los cuatro ferrys con las hordas totalmente emborrachadas, aprovechando la calma del mar y las atribuciones legales que los asisten, soltaron amarras con cuatro horas de anticipación a los cálculos policiales tripartitos. Las ingleses llegaron a suelo belga antes que el turno encargado especialmente de vigilarlos hubiera tomado servicio. Ellos, en cambio, tomaron el centro de la capital belga y cuanta cerveza encontraron en el camino.
La policía se limitó a circunscribir el radio, a mantenerlos en el centro y aguantar hasta la hora del partido, mientras en la frontera desviaban para distraerlos a los vehículos italianos que traían a la gente de la Juve. El drama se desencadenó, entre otros muchos motivos, porque un comerciante corrupto del centro de la capital belga le vendió a una agencia de turismo siciliana unas 70 entradas populares se un sector colchón que estaba destinada para los nativos. El rédito fue que cobró un 300% más y los sicilianos les vendieron la entrada a la muerte con un 600% de recargo, como una alternativa impensada en el tour por Europa que venían realizando. La masacre la produjo un contingente de los bravos ingleses cuando al arribar desde lo alto de la colina, desde donde tenían acceso directo al sector que le habían destinado, ven que en la puerta de al lado están todos los italianos y atacaron en cuña.
A petición del gobierno intervino un equipo interdisciplinario de la Universidad de Lovaina, llamada La Catedral de la Criminología, por su origen católico y el prestigio académico. El informe fue famoso y es hoy una pieza liminar en la materia. Ideológicamente tomaron una frase del primer ministro, en cuanto a que no se puede dictar el estado de sitio por cada partido de fútbol y que el gran dilema consiste en cómo mantener los derechos y garantías constitucionales a nivel individual de la mayoría de los ciudadanos que concurren a una cancha y que no originan hechos violentistas cuando éstos son originados por una minoría desde el punto de vista cuantitativo. Parte del informe fue catalogado como secreto por el estado belga y los trascendidos, nunca desmentidos del todo ni demasiado enfáticamente, aseguraron que se había detectado una suerte de Internacional Negra entre los grupos violentos del fútbol europeo y los grupos neonazis. En la Argentina, un muy alto jefe policial, despreció los argumentos y conclusiones de esos científicos sociales, a los que calificó de sociólogos trasnochados, y argumentó que pensaban así porque nunca han estado en medio de la hinchada de Boca.
La policía se limitó a circunscribir el radio, a mantenerlos en el centro y aguantar hasta la hora del partido, mientras en la frontera desviaban para distraerlos a los vehículos italianos que traían a la gente de la Juve. El drama se desencadenó, entre otros muchos motivos, porque un comerciante corrupto del centro de la capital belga le vendió a una agencia de turismo siciliana unas 70 entradas populares se un sector colchón que estaba destinada para los nativos. El rédito fue que cobró un 300% más y los sicilianos les vendieron la entrada a la muerte con un 600% de recargo, como una alternativa impensada en el tour por Europa que venían realizando. La masacre la produjo un contingente de los bravos ingleses cuando al arribar desde lo alto de la colina, desde donde tenían acceso directo al sector que le habían destinado, ven que en la puerta de al lado están todos los italianos y atacaron en cuña.
A petición del gobierno intervino un equipo interdisciplinario de la Universidad de Lovaina, llamada La Catedral de la Criminología, por su origen católico y el prestigio académico. El informe fue famoso y es hoy una pieza liminar en la materia. Ideológicamente tomaron una frase del primer ministro, en cuanto a que no se puede dictar el estado de sitio por cada partido de fútbol y que el gran dilema consiste en cómo mantener los derechos y garantías constitucionales a nivel individual de la mayoría de los ciudadanos que concurren a una cancha y que no originan hechos violentistas cuando éstos son originados por una minoría desde el punto de vista cuantitativo. Parte del informe fue catalogado como secreto por el estado belga y los trascendidos, nunca desmentidos del todo ni demasiado enfáticamente, aseguraron que se había detectado una suerte de Internacional Negra entre los grupos violentos del fútbol europeo y los grupos neonazis. En la Argentina, un muy alto jefe policial, despreció los argumentos y conclusiones de esos científicos sociales, a los que calificó de sociólogos trasnochados, y argumentó que pensaban así porque nunca han estado en medio de la hinchada de Boca.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home